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¡Reivindicamos el regreso del Grand Prix!

Caídas, juegos y diversión. Así era uno de los programas más reconocidos de la televisión pública española. Presentado principalmente por Ramón García, se convirtió en un programa familiar  único donde las risas eran las grandes protagonistas. Uno de los aspectos más interesantes, era el hecho de que quienes participaban eran los habitantes de distintos pueblos de España. En cada programa aparecían dos de ellos y se disputaban la victoria. Además, aparecían 4 famosos, dos para cada equipo, quienes también participaban en algunos de los juegos.

Dejando a un lado el hecho de que apareciesen vaquillas en el programa, algo que debería cambiar radicalmente, lo cierto es que es un programa que debería volver a la televisión. No es la primera vez que se ha solicitado su vuelta a la pantalla y parece que Televisión Española no quiere hacer caso a nuestras peticiones.

Pero, ¿qué tiene el programa para que sea tan especial? Las pruebas. Todos recordaremos siempre “los troncos locos”, donde los participantes portaban un salmón de plástico mientras intentaban pasar por los resbaladizos troncos.

Si seguimos con el recuerdo, las manos era otra prueba mítica. En ella, los participantes se introducían en una mano gigante y correteaban hacia la carta que el presentador decía. Quien cayese el/la último/a era quien quedaba fuera del juego. Simple, pero divertido.

La cinta era, con mucha probabilidad, la prueba más difícil del programa. En ella, los concursantes iban ataviados con un disfraz (lobo, Caperucita…) y correteaban en dirección contraria a la cinta. Las caídas eran memorables.

La patata caliente era una de las pruebas en la que los famosos participaban. El presentador enunciaba una pregunta y debían acertar la cifra exacta gracias a las indicaciones de “más” y “menos” que el presentador indicaba.

Una de las últimas pruebas era la de los bolos. En ella, uno de los participantes debía tirar estos bolos con los ojos cerrados. Para ello, utilizaba una bola gigante que colgaba de arriba y las indicaciones del famoso/a en cuestión. Observar cómo caían los participantes con el disfraz de bolo era muy divertido.

Por todo esto y mucho más, considerados que uno de los programas más históricos y divertidos de la televisión debería regresar. Hace falta humor, desconectar de la rutina y este programa cumplía con dichas funciones a la perfección. Esperemos que durante el próximo verano se produzca el deseo de muchos españoles puesto que es mejor llorar, pero de la risa.