¡Reivindicamos el regreso del Grand Prix!

Caídas, juegos y diversión. Gran Prix, así era uno de los programas más reconocidos de la televisión pública española. Presentado principalmente por Ramón García, se convirtió en un programa familiar único donde las risas eran las grandes protagonistas, muy en la línea de las actividades de aventura en Barcelona para grupos que hoy buscamos para desconectar de la rutina.

Uno de los aspectos más interesantes era el hecho de que quienes participaban eran los habitantes de distintos pueblos de España. En cada programa aparecían dos de ellos y se disputaban la victoria. Además, aparecían cuatro famosos, dos para cada equipo, quienes también participaban en algunos de los juegos.

Grand Prix: pruebas míticas que hoy siguen vivas en la aventura

Dejando a un lado el hecho de que apareciesen vaquillas en el programa, algo que debería cambiar radicalmente, lo cierto es que es un formato que muchos creemos que debería volver a la televisión. No es la primera vez que se ha solicitado su vuelta a la pantalla y parece que Televisión Española no quiere hacer caso a nuestras peticiones.

Pero, ¿qué tiene el programa para que sea tan especial? Las pruebas. Todos recordaremos siempre “los troncos locos”, donde los participantes portaban un salmón de plástico mientras intentaban pasar por los resbaladizos troncos. Hoy ese mismo espíritu de resbalones y risas lo puedes revivir en los circuitos de humor amarillo en Barcelona, con obstáculos pensados para que el agua y las caídas sean parte del juego.

Si seguimos con el recuerdo, “las manos” era otra prueba mítica. En ella, los participantes se introducían en una mano gigante y correteaban hacia la carta que el presentador decía. Quien cayese el/la último/a era quien quedaba fuera del juego. Simple, pero divertido. Esa mezcla de elementos gigantes, hinchables y equilibrio imposible tiene mucho que ver con nuestro recorrido tipo Wipeout, lleno de pruebas locas y golpes de risa.

“La cinta” era, con mucha probabilidad, la prueba más difícil del programa. En ella, los concursantes iban ataviados con un disfraz (lobo, Caperucita…) y corrían en dirección contraria a la cinta. Las caídas eran memorables y, sobre todo, inofensivas. Ese mismo tipo de diversión controlada es la que inspira muchas de las pruebas de humor amarillo en Girona, ideales para grupos que quieren sentirse dentro de un Grand Prix moderno.

“La patata caliente” era una de las pruebas en la que los famosos participaban. El presentador enunciaba una pregunta y debían acertar la cifra exacta gracias a las indicaciones de “más” y “menos” que el presentador indicaba. Más allá de las risas, fomentaba reflejos, atención y trabajo en equipo, igual que muchas de nuestras actividades de aventura y ocio cerca de Barcelona, donde la coordinación del grupo es clave para superar cada reto.

Una de las últimas pruebas era la de “los bolos”. En ella, uno de los participantes debía tirar estos bolos con los ojos cerrados. Para ello, utilizaba una bola gigante que colgaba de arriba y las indicaciones del famoso/a en cuestión. Observar cómo caían los participantes con el disfraz de bolo era muy divertido. Hoy, ese tipo de pruebas encaja perfectamente en fiestas y celebraciones diferentes, como las que organizamos en nuestras fiestas de cumpleaños originales en Barcelona, donde el objetivo es pasarlo bien sin tomarse demasiado en serio.

Del plató a la naturaleza: vivir tu propio Grand Prix con Aventuring

Por todo esto y mucho más, consideramos que uno de los programas más históricos y divertidos de la televisión debería regresar. Hace falta humor, desconectar de la rutina y este programa cumplía con dichas funciones a la perfección. Mientras tanto, muchas empresas y grupos de amigos ya buscan alternativas similares al aire libre, como nuestras actividades de team building en Barcelona, donde las pruebas de equilibrio, fuerza y coordinación recuerdan mucho a aquellas tardes de verano frente al televisor.

Al final, lo que nos enganchaba del Grand Prix eran las caídas, las risas compartidas y la sensación de que todo el pueblo estaba jugando junto. Ese mismo espíritu de juego en equipo, diversión sana y competitividad amable es el que intentamos mantener vivo cada fin de semana en Aventuring. Porque, igual que en el programa, creemos que es mejor llorar… pero de la risa.